Home > Columnas > Lácteos: ¿qué pasa con ellos?

Lácteos: ¿qué pasa con ellos?

Los miércoles en Tarde para Excusas tenemos la columna de Sofía Sánchez, nutricionista y cheff vegana. Compartimos el audio y texto de su aporte sobre los lácteos.

En nuestra línea histórica pareciera que desde el origen de los tiempos, consumimos leche de otra especie, pero en realidad, hace muy poco en comparación a la aparición del ser humano en el planeta. El género “Homo” tiene 2,5 millones de años y hace menos de 10 mil años que comenzamos a incluirla en nuestra alimentación, cabe destacar, no de manera diaria.

Nuestros antepasados la consumían únicamente por déficit de otros alimentos, y solo cuando era oportuno. En primera medida porque no era bien tolerada, y además porque no resultaba un alimento rendidor.

La tolerancia a los lácteos de manera mundial, nos indica que no es un alimento apto para nuestro consumo, debido a que solo un tercio de la población mundial es tolerante y adaptación no es normalidad. Generalmente cuando hablamos de intolerancia, nos viene a la mente, dolores abdominales, diarrea, nauseas, inflamación y gases, producto de un alimento que tiene en su composición, lactosa, llamada así al azúcar de la leche.

La leche de vaca para el ternero y ¿por qué?

En un primer punto, simplemente porque no la necesitamos, la etapa de destete ocurre a los dos años de edad, pero ya comenzamos a ingerir el alimento familiar a los 6 meses de edad, (alimentación complementaria oportuna; complementaria a la leche materna o humana). Somos la única especie que luego del destete de nuestra propia madre o nodriza, tomamos leche durante toda la vida, y de otra especie. Lógicamente, no es lógico en la naturaleza del hombre.

Segundo punto, lo que nos inculcaron como necesidad, solo es cultura. Y como toda cultura, se puede modificar, nada es inamovible. Existen civilizaciones milenarias que jamás consumieron lácteos hasta el día de hoy, como es la oriental.

Ahora si, nutricionalmente, ¿qué nos aporta? Principalmente proteína de origen animal (esclavización y sufrimiento animal), grasas de mala calidad, las llamadas saturadas. Exceso de sodio, exceso de fósforo y calcio. Debido al exceso de fósforo presente en su composición, la absorción de calcio, no se realiza de manera eficiente en nuestro organismo. Tanto debido al exceso de fósforo antes mencionado, como a la presencia de proteína animal, relacionada con la excreción de calcio óseo, producto del exceso de ácido úrico.

Por otro lado, además de consumir un alimento que no nos resulta beneficioso, financiamos una industria muy cruel pudiendo utilizar reemplazos culinarios como son las leches vegetales, quesos, yogures y cremas sin derivados animales.

En conclusión, se recomienda comenzar a disminuir el consumo diario. De por sí mantener una población que todos los días en cada comida consume algún derivado lácteo es imposible de mantener a largo plazo en la producción mundial. Dando como consecuencia el desplazo de otros cultivos que podrían alimentar a la población de todo el mundo.

Radio de La Azotea