Crisis de cuidados: el desafío de construir un sistema integral para las personas mayores

Mientras crecen las necesidades de cuidado, se reducen las redes familiares y retroceden las políticas públicas destinadas a sostenerlas. En pequeñas y medianas localidades, cooperativas y municipios construyen respuestas ante un problema que excede a las familias y plantea una pregunta de fondo: cómo garantizar el derecho a envejecer sin perder autonomía, vínculos y arraigo.

Argentina envejece a un ritmo acelerado. Entre 1947 y 2022 la población total se multiplicó por 2,9, mientras que la cantidad de personas de 60 años o más lo hizo por 7,5 y la de quienes superan los 75 años, por 11,5. La tendencia continuará: las proyecciones indican que, en la próxima década, la población de más edad superará en cantidad a la población joven. El cambio no es sólo demográfico. Una sociedad más longeva requerirá más apoyos para sostener la vida cotidiana y la autonomía, en un contexto en el que las familias son más pequeñas, el trabajo de cuidado continúa marcado por la informalidad y distintas políticas públicas destinadas a acompañar el envejecimiento se han debilitado o directamente eliminado.

¿Quién cuidará, entonces, a una sociedad cada vez más longeva? La pregunta obliga a mirar más allá de las familias y pensar cómo se distribuyen las responsabilidades entre el Estado, quienes realizan tareas de cuidado, los municipios y las organizaciones comunitarias. En esta Agenda Pública ponemos el foco en las tensiones que atraviesa el sistema de cuidados y en las desigualdades territoriales que condicionan el acceso, especialmente en pequeñas y medianas localidades, donde la falta de servicios puede obligar a buscar respuestas lejos del lugar donde se vive.

El envejecimiento argentino: magnitud, ritmo y desigualdad territorial

Hoy casi el 12% de la población tiene 65 años o más, una proporción que subió de manera sostenida entre los dos últimos censos, a medida que baja la natalidad y se extiende la esperanza de vida. Este proceso ubica a la Argentina entre los países de envejecimiento más avanzado de América Latina, junto con Uruguay, Chile y Cuba. Pero, como advierte la CEPAL, el envejecimiento “no se manifiesta de manera uniforme ni unidireccional”: el promedio esconde diferencias en la velocidad y la intensidad del proceso, no sólo entre países sino también entre ciudades y entre grupos sociales. 

En Argentina, si miramos por distritos, la Ciudad de Buenos Aires es la región más envejecida: un 17% de sus habitantes supera los 65 años, seguida por provincias como Santa Fe, La Pampa y Córdoba, donde ese grupo no llega al 12%, mientras el norte conserva una estructura más joven. El Observatorio de la Deuda Social de la UCA, que releva grandes y medianos aglomerados de todo el país, encontró que residir en ciudades medianas y pequeñas del interior aparece como un factor de desventaja específico para las personas mayores. Vivir la vejez lejos de los grandes centros, donde las redes de proximidad y la oferta de servicios son más accesibles, tiene un costo que las estadísticas nacionales no muestran. No solo la baja de natalidad explica el envejecimiento de localidades pequeñas y rurales del país, en muchos casos el motor de esa disparidad es la migración interna de los jóvenes, quienes se trasladan a ciudades más grandes en busca de trabajo o estudio y luego no regresan a su lugar de origen.