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De unos locos hasta la Comunicación Participativa

Para cuando Juan nació, la radio ya había cumplido 80 años.

Estaba todo inventado. Y muy definido

Vamos a aclarar antes de seguir que lo llamamos Juan, pongamos Juan Bautista, porque tiene 17 años, aun es menor de edad y no queremos exponerlo.

Juan Bautista debió haber sabido que en 1920 los “Locos de la Azotea”, los fundadores de la radio en Argentina eran cuatro y tenían entre 21 y 35 años. Y no era profesionales de la radio… ¡Claro! ¿Cómo iban a ser profesionales de algo que no había sido inventado?

Ellos pensaron que si encontraban la manera de transmitir un mensaje eminentemente sonoro a través del aire,ya no de cables ni alambres pero convirtiendo ese sonido en ondas que atravesaran el éter, que pudieran ser recibidas por un aparato que las decodificara para propalarlas inmediatamente y de nuevo en sonido; eso podría escucharlo quien estuviera a la escucha de ese receptor. Simple, clarísimo, ¿no?

Tan simple como les fue transformar equipos viejos de comunicaciones bélicas y otros de medicina y adaptarlos para irradiar una ópera desde la azotea de un teatro, luego de distribuir una veintena de receptores artesanales en casas de los alrededores y poner un tipo a escuchar y decirle ‘aguantá acá hasta que se hagan las nueve de la noche, que ya vas a escuchar Pársifal’. Y la escucharon, aunque seguro hubo quienes les dijeron que eso era imposible. Que si fuera posible alguien lo habría inventado antes. Que estaban locos.

Y Juan Bautista ¿qué tiene que ver con todo esto? Nada.

Juan Bautista tiene 17 años y le gusta la radio. Pero no aquella radio en la que no se sabía qué hacer al día siguiente. Tratemos de pensarlo con la cabeza de ese momento: una emisión continua, con fines de entretenimiento social y de recepción masiva. Ya no de pasar un parte de avance bélico o de informar por dónde andaba un barco al puerto. Qué ibas a hacer al día siguiente si esos veinte tipos seguían ahí con los auriculares puestos esperando a que después de la obra de Wagner se escuchara otra cosa. Y no había quien te dijera una palabra, quien emitiera un sonido, un ruido, una canción. Juan Baustista se hubiera clavado tal embole que se estaría dedicando a otra cosa.

Pero en cambio, a los pocos meses los receptores se fabricaron en serie. Y en cuestión de dos o tres años había varias emisorascon transmisión de media jornada, emisiones programadas y series con continuidad y hasta transmisiones en vivo de orquestas y eventos deportivos. Todo se inventó de la nada. Hasta el estilo de los locutores, la lectura de las noticias y la distribución de las tareas por roles que se profesionalizaron.

Después las modas, las épocas, las tendencias y los avances tecnológicos hicieron su parte para que el medio evolucionara.

Y Juan Bautista ni había nacido. Llegó a este mundo cuando ya existían las AM, las FM y las radios en internet. Las radios comerciales, las estrictamente deportivas o musicales, las evangélicas, las radios para el público infantil y las de sólo música de orquestas sinfónicas. A cada uno de esos inventos alguien se anticipó anunciando que fracasarían, que eran inviables. Pero igual aparecieron. También se inventaron las sin fines de lucro, comunitarias populares, participativas, truchas…medios inviables porque no saben laburar, o no quieren la venta publicitaria, la empresa…y ahí están creciendo hace setenta años.

Digamos que ya está todo inventado. ¿O no? ¿Alguien piensa que aun pueda ser creado un nuevo género, un formato, un producto radiofónico que no sea un híbrido, que no tenga reminiscencias o similitudes a uno anterior? ¿Hay lugar en un medio que está a punto de cumplir cien años para innovar? ¿Hay espacio para quien no pueda encajar en los cánones convecionales que este mundo impone, más para mantener un estado de cosas que no se escape de las manos de quienes quieren manejarlo -justamente- para no perder su lugar de predominio?

Yo creo que Juan Bautista tiene la respuesta. Creo que en un mundo en el que aparentemente ya todo fue inventado, en el que los de adentro no queremos saber nada con que alguien ‘de afuera’ nos desacomode, y en el que los que quieren entrar, hacen de lo inventado una receta y no se proponen cambiar ni un acento porque esperan que el éxito los venga a buscar en auto o en avión, y por eso ni se propusieron caminar ni mucho menos esquivar la huella para experimentar caminos donde parece no haberlos.

En el contexto de esa comodidad, Juan Bautista es un revolucionario y en su esfuerzo destellan los intentos de otros locos que fueron indispensables para inventar lo que no había. Y nos alienta a laburar al resto, forzando los formatos, los soportes, los recursos y las ideas para caminar por donde es fácil y por donde no.

Gracias Juan.

 

Le agradecemos a Diego Izquierdo las fotos.

Radio de La Azotea