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Idiotas somos todos

El intendente convocó a una conferencia de prensa en la que señaló a los gritos que “una de las grandes desgracias que tiene esta ciudad es que está llena de idiotas, de opinadores, de gente que no tienen ni idea de lo que habla, no saben. Hablan de cosas de las que no saben, y esto es terrible porque malinforman a la población”. ¿A quién se lo dijo? “interprétenlo ustedes”, respondió ante esa pregunta.

Entonces nos permitimos interpretar. A todos. Nos lo dijo a todas y a todos nosotrxs. Porque habló de nuestra ciudad, y porque dijo que estaba llena. También dijo que los que no saben no pueden opinar. Y entonces reniega de la naturaleza de la democracia que, por ejemplo, le permitió ocupar el cargo que circunstancialmente ocupa. Pero además se refirió a quienes “malinforman”. “Todos nos sentimos involucrados” le señaló entonces otro periodista. La conferencia de prensa se dio por terminada con muchas cosas por preguntar, y con comunicadores acusándose mutuamente: “A vos te dijo idiota”, “a mí no, a vos te lo dijo”. Hasta alguno que también trabaja en un medio local y que se mantuvo en actitud de escucha pasiva durante la conferencia, se animó a decir a viva vos, aunque desde el fondo y con los colegas de espaldas algo así como “se los dijo a todos ustedes”, mientras nos envolvía a los presentes imaginariamente con ambos brazos desplegados. ¿Todo eso puede pasar dentro del despacho del jefe comunal en una ciudad como mar del Plata, en esta época de la civilización? ¿Y no pasa nada?

Desde radio comunitaria “De la Azotea”, concluimos en que idiotas somos todos. Porque nos lo dice la máxima autoridad política de la ciudad en conferencia de prensa. Lo dice a través de medios y comunicadores que, como nunca antes en la historia local, reciben una discrecional distribución de pauta oficial, absolutamente reñida con cualquier criterio de proporcionalidad entre sí, o de proporcionalidad respecto de la audiencia. Y en el mismo acto de acreditación de esos dineros pertenecientes al erario público, reciben esos medios la indicación de qué decir, de qué manera, qué preguntar, qué no, qué mostrar, cuánto y cuándo, y qué dejar oculto, a salvo, blindado del alcance de la opinión pública. Por las dudas, debemos decir que la acepción de “opinión pública” aquí empleada, es equivalente a ciudadanía, a comunidad. La aclaración es necesaria para no quedar al alcance de aquella aseveración del jefe comunal a cerca de que el público no puede opinar por no estar a la altura de su conocimiento.

Pero lo que es peor, es que esta es la etapa política en la que más se evidencia que por fuera o por encima de la pauta oficial circula algún incentivo constante y sonante en sentido unidireccional, desde la conducción política hacia determinados medios y comunicadores que, por ejemplo, salen a lavar estas mismas declamaciones insultantes y violentas. Una vez difundidas por los micrófonos que ellos mismos convocaron, se abalanzan a los putrefactos subsuelos del periodismo para tratar de hacer decir lo que no se dijo. Para agregar algún atenuante, o para desviar o encapsular el destinatario del insulto, que el emisor original dejó librado a la interpretación de los interlocutores.

La suciedad y la ambición de la coalición formada para ganar la elección y sostenida a la fuerza que parece estar a punto de estallar todo el tiempo, retenida a la fuerza a sabiendas de que romperse ahora les equivale a derrota en el próximo turno electivo; no desperdicia oportunidad de revolcar en barro al adversario interno, otrora socio. Y se tiran con problemas sin resolver, con obras públicas, con el presupuesto y la ordenanza fiscal e impositiva. Y nos dejan ahí como espectadores de sus expuestas bajezas mientras consumen el tiempo y los recursos del pueblo como si fuera privado y de ellos. Nos consideran idiotas, tal vez desde hace mucho. Y ahora lo dicen sin tapujos. A meses de que tengamos otra oportunidad de definir quiénes ocuparán esos lugares de lujos, de privilegios, y de poder desde donde nos insultan. No despilfarremos la oportunidad.

FM De la Azotea.
Foto: Sitio Revista Ajo.

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