Home > Destacadas > Te cambio mi postal por tu plaza

Te cambio mi postal por tu plaza

¿Cuál es la diferencia entre decir “Parque San Martín” y “Parque Independencia”? Parecen nomenclaturas equivalentes. En su acepción de identificación de lugares de Mar del Plata, la diferencia es total. Lo mismo pasa entre plaza Colón, Plaza Mitre, o Plaza San Martín; con Plaza Favaloro, del barrio Costa Azul. La hipótesis a cerca de semejante distancia entre los recursos destinados a unos y otros lugares de una misma ciudad, en la que viven los mimos vecinos, podría radicar en que hay una decisión de quitar la ínfima inversión en las periferias, mantenerla en los espacios públicos céntricos. Y resistir cualquier presunto reclamo de igualdad de derechos, como podría ser esta nota, por ejemplo.

Eso ocurre al punto de enfrentar situaciones como incendios de pastizales récord, o epidemias como el hantavirus, y sopesar que el costo sigue siendo aceptable.

Si alguien se animar a realizar una encuesta, las plazas Mitre, Colón, o el Parque San Martín se erigirían como los espacios públicos en mejores condiciones, y más buscados. Si la encuesta profundizara en mencionar los domicilios de los “electores” advertiríamos que hay un notable porcentaje de usuarios de esos espacios que recorren enormes distancias para pasar un rato en un banco de la plaza o en el césped. ¿Por qué pasa esto? Porque en los barrios de nuestra ciudad pasa esto:

En el caso de Estación Chapadmalal, la última vez que vieron por el barrio autoridades o trabajadores municipales fue en mayo de 2018 cuando llegaron para retirar el tractor que tenían y con el que realizaban una tarea de corte de pasto en la plaza, en los baldíos, y en los difusos márgenes de las calles, que desde entonces ya nadie realiza.

Los vecinos de “Parque Independencia” están a punto de pedir que les cambien el nombre al barrio. Baldío o abandono, van mejor para describir el estado en que se encuentra, y claramente está muy lejos de poder llamarse parque. Pastizales que borran la traza, y lagunas cuando llueve que tardan semanas en permitir cierta posibilidad de transitar las calles son imágenes con las que conviven todo el año.

En “Costa Azul” alguna vez hubo una plaza. Los vecinos de mayor edad, la señalan ahí detrás de los matorrales donde ya no se animan a dejar ir a sus hijos y a los niños del barrio. El último depósito del convenio del municipio allí fue en diciembre de 2016. En 2017 se llevaron el tractor de la entidad vecinal, con el que no solo mantenían la plaza sino además algunos lotes con dueños que nunca se hicieron cargo de sus propiedades ni del costo de la tarea. Pero realizarla de todas formas, aunque no fuera imposible recuperar esos importes, permitía alcanzar un mejor estado general del lugar. Desde que la entidad vecinal no se encarga, nadie más lo hace.

En Acantilados, la situación es la misma. El municipio agregó el tractor que usaban a su colección y desde entonces tampoco fueron a resolver la tarea que antes realizaban los vecinos. Que, pese a haber tenido que entregar la herramienta, ahora con mucho más esfuerzo, se siguen encargando de dejar en mínimas condiciones los espacios públicos del barrio en jornadas de trabajo comunitario.

En Jardín de Peralta Ramos los vecinos corrieron con baldes en las manos para contener un incendio declarado a metros de sus viviendas. Tal vez por tener que soportar tanto “calor”, también se animaron a dejarlo registrado.

En El Marquesado, puede obtenerse una imagen similar (foto) esta es una de las zonas que más sufre los incendios estivales, y donde los bomberos han tenido que realizar mayor cantidad de intervenciones. Como en este barrio, toda la zona sur está en constante crecimiento y eso también lleva a mayor grado de organización. Estos procesos a su vez, se traducen en reclamos más consistentes, que en algún caso, lograron una mínima y cuestionable respuesta: como muestra esta otra imagen (foto tractor cortando pasto) una empresa privada fue convocada a realizar la tarea que antes tenía a su cargo la entidad vecinal, que el municipio a través del ente respectivo o las delegaciones jurisdiccionales debería hacer, y que no se cumple.

¿Cuánto le habrán pagado a esas personas que ante la requisitoria de los vecinos se reusaron a admitir quien los había contratado, a que empresa pertenecían, y por qué monto estaba realizando esa tarea? Está de más decir que no hubo segunda ocasión de preguntarles, porque nunca regresaron.

Es impensable que “la postal” de la ciudad sea Parque Independencia en vez del Parque San Martín. Pero acaso no tienen derecho aquellos vecinos de tener su propio espacio en mínimas condiciones? ¿Si quieren disfrutar de una plaza verde y con el césped corto tienen que dejar sus barrios y cruzar media ciudad?

Tan solo quien persiga intereses de encubrimiento, o una mirada obtusa podrá plantear que se trata de caso aislados, o de vecindades politizadas. No hay dudas de que si ampliáramos esta recorrida en otros barrios, la tendencia de postales de abandono, vecinos resolviendo lo que le toca a las autoridades, y estado ausente se multiplicarían. El objeto de esta nota no es precisamente criticar la tarea de mantenimiento de los “espacios públicos centrales”, las atracciones turísticas, o los “circuitos postales”. Sí nos interesa exhibir una situación que se da en simultáneo y que no parece llevar a ninguna otra conclusión más que la idea que los vecinos que viven fuera de esas zonas son “de segunda” y deben aceptar que esas serán las condiciones en las que deberán subsistir. No fue siempre así. El sistema que sostenían las entidades vecinales funcionaba. Y fue truncado para llevar adelante un ajuste exiguo en monto, pero con altísimo costo para la calidad de vida de miles de ciudadanos. No parece justo.

Radio de La Azotea