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Una vida cruzada por la historia de la CNU

Estela Morán y Eduardo Britos comparecieron ante los jueces en una nueva audiencia del juicio CNU Mar del Plata. Ambos testigos hicieron referencia a lo sucedido con la familia Videla-Elizagaray en 1975. Sobre los demás testigos que estaban citados, por secretaría se informó que de Oscar Gentil no se sabe el paradero y que Miguel Pallini está fallecido.

En la continuidad de las audiencias orales y públicas del juicio CNU por asociación ilícita, los testigos hicieron referencia a los casos de las víctimas Enrique Elizagaray; Jorge Enrique Videla Yanzi y sus hijos Jorge Lisandro y Guillermo Enrique. Estela Morán tenía 19 años el 21 de marzo del ‘75 y se encontraba en la casa de sus familiares Videla-Elizagaray cuando un grupo que se indentificó como policías entró a la vivienda en plena madrugada (5AM apróximadamente). Resaltó que apartaron a la mujeres y que por la oscuridad no pudo reconocer a nadie pero que sí recordaba que eran dos o tres y que tenían armas largas.

Si bien no pormenorizó los hechos, se la notó nerviosa o dubitativa, sí contó la suerte de su tío y primos y cómo repercutió en su vida eso. Debió irse a Tandil con su familia y no terminó la carrera de Arquitectura; dado “el clima” no pudieron asistir a los velorios y no precisó qué pasó judicialmente con la investigación de los hechos.

Una vida cruzada por la historia de la CNU

A su turno, Eduardo Britos refirió que en los años 74-75’ era estudiante en la Facultad de Ciencias Econonómicas y militaba en la Unión de Estudiantes Secundarios (UES) y luego en la Juventud Universitaria Peronista (JUP). Señaló que en esos años conoció a Guillermo “Patota” Videla (integrante de la UES) y a “Pacho” Elizagaray (referente de la JUP). Sobre los hechos que se juzgan dijo que se enteró al día siguiente y que fue “vox populi que había sido un caso de venganza y que se le adjudicaba a quienes integraban la organización denominada CNU”. La referencia a la venganza es por la muerte de Ernesto Piantoni (líder de la Concentración Nacional Universitaria en Mar del Plata).

Britos afirmó que desde los 14 y hasta sus 19 años su vida estuvo cruzada por la historia de la CNU. En 1971 la causa por el asesinato de la estudiante Silvia Filler lo tuvo a su padre (empleado administrativo en el juzgado penal en ese momento) como centro de amenazas que involucraron a otros miembros de la familia. Tanto su madre como su padre le contaron que recibieron una llamada en la que decían que si querían que su hijo menor siguiera yendo -como todos los días- caminando a la escuela, no debía cumplir con un pedido del secretario del juez.

La CNU en la universidad

Eduardo Britos estudió en lo que hoy se conoce como “La Piloto” (tanto la secundaria como estudiante universitario) y vivió en el barrio en donde está ubicada. También detalló que personas signadas como integrantes de la CNU residían en esas cuadras. Refirió a los jueces que en los años 74-75’ comenzó a haber celadores en la máxima casa de estudios que revisaban las pertenencias de los estudiantes, palpaban de armas, les pedían el documento, la libreta de estudiantes y cuestionaban por qué iban. El Centro de Estudiantes comenzó a mermar sus reuniones por el temor de manifestar en ese ambiente las ideas de cada integrante. Tras una nueva pregunta del fiscal federal Daniel Adler, el testigo dijo que el rector de la universidad era José Catougno secundado por Cincotta y que esos celadores eran planta permanente.

Sobre Marcelo Arenaza comentó que se desempeñaba con un cargo administrativo (como preceptor o cargo similar) en la universidad, que era muy “correcto” y “diligente en sus funciones”.

Los hermanos Ullúa en la CNU y el aparato represivo

El segundo testigo de la audiencia del 5 de octubre contó que el 24 de abril de 1976 fue secuestrado en horas de la madrugada de su casa y que el 8 de noviembre de ese mismo año intentaron nuevamente pero pudo ocultarse. “Lastimaron mi vida para el resto de mi vida gente a la que no pude identificar y alguien de ese grupo trató de que mi tortura no fuera tan cruenta”, sostuvo Britos y agregó que Daniel Ullúa en la década del 90’ se lo dijo arrepentido. Indicó que en ese cautiverio alguien le dijo en reiteradas oportunidades: “vas a salir de acá, no te preocupés, vos volves, quedate tranquilo” y que era ese vecino al que no había ligado nunca a esos hechos.

Buscando resolver su situación, dejar de ser perseguido y de estar prófugo, logró que su padre negociara su presencia en el GADA 601 con el teniente coronel Berisso. Allí lo vio a Eduardo Ullúa al que señaló como otro de los integrantes de la CNU y que fue el encargado de evaluar/corroborar su declaración en ese ámbito militar tras el golpe de Estado. Britos agregó que lo vio en otra oportunidad cuando salía del GADA 601 (debía presentarse una vez por semana al quedar en una “libertad vigilada”) y Eduardo Ullúa desde un Falcon verde lo paró y tras un diálogo se le presentó como “soy personal civil afectado a inteligencia del ejército” y le agregó al verlo de nuevo ahí “qué hincha pelotas estos milicos”.

Nuevo planteo del abogado defensor Insanti

La audiencia comenzó con el secretario detallando las ausencias de dos testigos citados. Sobre Oscar Gentil que no pudo ser encontrado en el domiciolio que se había informado y que Miguel Pallini está fallecido. Por su parte, el defensor de Juan Pedro Asaro y Raúl Arturo Viglizzo, Horacio Insanti presentó en un sobre un escrito que le acercó Raúl Oliveros sobre testimonios de D´auro y Elizagaray. El tribunal evaluará dicha presentación y se expedirá al respecto.

Las audiencias continuarán el martes 6 desde las 9:30 y se prevé un reconocimiento ocular a fin de mes, previo a volver a los testigos en noviembre.

Radio de La Azotea