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“El canto social siempre es un canto contestatario, irreverente”

La cantora ecuatoriana Gloria Arcos definió a la canción social y expresó que “sigue siendo un espacio único que no va a morir, que sigue alimentándose de las vivencias, de la realidad, del amor, de la alegría, del gozo”. Dialogó con Sebastián Echarry para el programa Rabia al silencio, que se emite los miércoles de 17 a 19 por FM De la Azotea de Mar del Plata.

Con un estilo ligado al canto antifonal, los rituales de los pueblos nativos y la copla latinoamericana, Arcos es una de las voces del movimiento de canción de autor en Ecuador e inició su actividad artística en 1981, mientras estudiaba. Afirma que “el arte es en sí revelador, revolucionario, liberador y crítico”.

“El corazón puede decir más de lo que las palabras dicen, por eso me detengo en una canción”, resumió al ser consultada sobre el por qué de su cantar.

Esta cantautora fue una de las participantes del Encuentro de la Canción Social “Canto de Todos Argentina 2015” en Buenos Aires, junto a  Vicente Feliú (Cuba), Luis Enrique Mejía Godoy (Nicaragua), Ricardo Flecha (Paraguay), Gabo Sequeira (Argentina), Dúo La Trova (Argentina), Francisco Villa y Patricia Carmona (Chile), Alejandra Rabinovich (Argentina), Dúo Negro y Blanco (Bolivia), Pedro Munhoz (Brasil), Myriam Quiñones (Perú), Cecilia Todd (Venezuela), Paula Ferré (Argentina), Jaz Arenas (Colombia) y Alejandro Jusim (Argentina).

¿Qué significa para vos el Canto de Todos?

Para mí significa mucho, tanto a nivel personal como de energía colectiva para una canción que sobre todo trae un mensaje de cuestionar qué estamos haciendo en la vida, porque más allá de lo que un Gobierno pueda hacer y generar es qué estamos haciendo nosotros mismos como artistas. Nos caracterizamos y estamos juntos por eso. Nuestra unidad se da a partir de lo que estamos diciendo con nuestras canciones, a partir de nuestros versos. Entonces, es importante que este encuentro se dé y que se sigan dando todos los encuentros a nivel de poesía, de guitarristas, de cantautores, de trovadores, de intérpretes. Es seguir generando esta energía que nos hace ir por la vida. Nuestro canto es básicamente reclamar ese derecho a que todos podamos vivir dignamente como seres humanos y ser felices, realizarnos en nuestra espiritualidad, en nuestra materialidad, como seres gozosos. Para eso vinimos, no hay otra manera.

¿Cómo ves la inserción de la canción social en la coyuntura actual de América Latina?

Yo lo veo a través de lo que me está tocando vivir en Ecuador. Me siento retada, que el reto es justamente buscar la unidad pese a la diversidad. Hay un discurso de izquierda en mi país con el cual yo me he sentido identificada. Intenté ser militante alguna vez de algún grupo llamado irregular o ilegal, pero sin embargo vi que ahí también había muchas falencias de egoísmos, de ego, a niveles humanos. La cosa es saber qué queremos hacer de grande en nuestros países. Es importante ir en la colectividad, que va en un ritmo, en un camino, en una corriente, y los seres humanos como pensadores, como seres sensibles que nos detenemos a escribir un verso, debemos ir en un camino de conciencia de lo que estamos haciendo cada día, a cada instante. Para mí es un reto el no quebrarme en las diferencias, sino más bien juntar con todos los seres las cosas que nos van haciendo humanos. Entonces, el canto social siempre es un canto contestatario, irreverente, que siempre está reflejando la realidad a pesar de los pesares. Quizás es lo más maravilloso de este canto: a pesar de cualquier corriente en la que se esté, el canto está ahí, está en la vida y va a ser siempre cuestionador.

¿Cómo fueron tus comienzos en este tipo de canción?

Para mí, empezar a cantar fue empezar a tener una gran responsabilidad en lo que estaba diciendo, porque sabía que había gente que estaba ahí y para mí era salvar al mundo a través de mi canto. Fue con esa tremenda pasión que empecé. Era tal el fervor y la responsabilidad, que quería que escuchen lo que estaba diciendo. Fue así que empecé a cantar. Serrat fue muy importante para mí y también Violeta Parra, quien para mí ha sido como ese referente, no de la voz, del espectáculo, de los millones de gentes que atrajo, sino de su obra. Siempre he sido una niña que se comporta mal, que siempre está cuestionando.

Yo vengo de un estrato social con carencias materiales de pequeña, no tanto espirituales. Tuve que pasar por mi propia piel lo que significa no ser escuchada, invisibilizada, ser dejada de lado. Y lo que significaba tener que partir los panes entre los 7 u 8 que éramos. Entonces, todo eso se despertó, se hizo un click en mi alma cuando empecé a cantar por una razón y por un motivo: hay mucha injusticia en el mundo, hay mucho qué decir y hay que empezar a decirlo ya. Y sigo diciendo cosas todavía.

¿Cómo encontrás la actualidad de la canción latinoamericana?

Nuestro canto no es masivo, sin embargo siempre está. Creo que la canción social sigue siendo un espacio único que no va a morir, que sigue alimentándose de las vivencias, de la realidad, del amor, de la alegría, del gozo… porque si no estuviéramos gozando con lo que hacemos no estaríamos aquí. Sin embargo, está lleno de retos. Creo que este instante es un renacimiento, un reencauce. El presente es lo único que sirve y el momento que estamos viviendo ahora es inmensamente rico, todo está por hacer.

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