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“El guaraní es el idioma de la resistencia”

 El cantor Ricardo Flecha es uno de los referentes de la música popular paraguaya. Le puso su voz a la “Misa Guaraní” y trabaja desde el arte en defensa de las tradiciones, los ritmos y las verdades históricas de su país, abordadas desde un punto de vista contrahegemónico. Cree que a través del arte también se construye la Patria Grande y actúa en consecuencia. Desarrolla su obra en torno a los sentires, necesidades y pensares del pueblo más humilde. Busca con su obra ser la voz de quienes no tienen voz.

Flecha posee una de las voces más importantes e imponentes de Sudamérica. Es un tenor liviano, con una gran ductilidad y un timbre claro pero potente a la vez. Ha compartido escenario y grabaciones con los referentes de la canción social latinoamericana, de la cual es partícipe necesario. Formó parte del Encuentro “Canto de Todos Argentina 2015” a fin de mayo en Buenos Aires, junto a Cecilia Todd (Venezuela), Vicente Feliú (Cuba), Luis Enrique Mejía Godoy (Nicaragua), Dúo La Trova (Argentina), Francisco Villa y Patricia Carmona (Chile), Alejandra Rabinovich (Argentina), Dúo Negro y Blanco (Bolivia), Pedro Munhoz (Brasil), Myriam Quiñones (Perú), Gabo Sequeira (Argentina), Gloria Arcos (Ecuador), Paula Ferré (Argentina), Jaz Arenas (Colombia) y Alejandro Jusim(Argentina).

“El arte tiene que transmitir sensaciones y también mensajes esperanzadores, como es lo que nosotros queremos hacer a través del canto: no solamente hablar de las cosas que nos preocupan sino también de las cosas que nos alegran”, manifestó Flecha.

Uno de sus trabajos más importantes es la trilogía “El canto de los karaí”, basado en una leyenda guaraní en donde grabó junto a referentes de la música latinoamericana versiones bilingües de sus canciones. “El guaraní es el idioma de la resistencia”, aseguró. Otra de sus obras significativas es el disco-libro “Cantos de esperanza”, en ocasión del bicentenario de la independencia del Paraguay, canciones para repensar la historia desde otras miradas a las dominantes, con perspectiva de género y un desarrollo didáctico para tratar los contenidos.

“Yo quiero ser un cronista de mi tiempo, cantar las cosas que me oprimen y también las que me hacen feliz”, comentó en la entrevista que Sebastián Echarry le realizó para el programa Rabia al silencio, que se emite por FM De la Azotea de Mar del Plata los miércoles de 17 a 19.

¿Cuál es la importancia que le das a la disputa simbólica desde la música, desde el arte, a la construcción de Nuestra América?

Yo creo que nosotros estamos por buen camino.  La disputa la venimos haciendo desde hace muchísimo tiempo ya, si bien en las décadas del 60´, 70´y 80´ el canto comprometido estaba ligado a la liberación nacional, a los movimientos que peleaban contra las Dictaduras. Hoy tenemos otras preocupaciones y otros paradigmas qué romper.

Me parece que es importante la tarea de quienes de alguna manera pueden darle voz a la gente que no la tiene. Creo que el trabajo del trovador sirve para analizar lo que está pasando alrededor nuestro. Hoy hay otros problemas, como la polución, la pobreza, el problema de géneros. Los cantautores tienen una responsabilidad en plantear estos problemas y en buscar con otros elementos de la sociedad cómo resolverlos. Finalmente, uno canta para ser feliz y hacer feliz a la gente. Y en ese camino creo que estamos. Acompaña las luchas y acompaña las esperanzas de muchos latinoamericanos. Esta lucha va a ser larga, es como una carrera de resistencia y no de velocidad, rompiendo con algunos prejuicios e intentando llevar la voz de nuestros pueblos.

¿Cómo se encuentra la canción social en Paraguay?

Está en un proceso muy interesante. La nueva creación, los nuevos compositores, están en la línea de experimentar nuevas expresiones y nuevos ritmos. Hay una música que no es igual a la canción que hago, yo estoy más apegado a la canción de los 70 y 80 que es la que me tocó a mí. En estos momentos estoy trabajando en barrios marginales y hay otras expresiones igualmente importantes como la que era la Nueva Canción Paraguaya. En aquel entonces teníamos tres preocupaciones grandes: uno era rescatar las canciones que tenían un valor cultural para que las nuevas generaciones las conozcan, el segundo era dar a conocer los autores nuevos y el tercero era dar a conocer las canciones de los músicos latinoamericanos que hacían cosas en sus respectivos países y que no eran conocidos en el Paraguay.

Hoy a eso se suman otras preocupaciones que tienen que ver con el medio ambiente, con la exclusión, con la narcopolítica… hay muchos temas que hoy despiertan el interés de la juventud y hay mucha gente que responde a eso con música y con arte. Y a mí me parece muy importante eso, que de alguna manera estos procesos en América Latina han destapado muchas cosas, las nuevas sensibilidades han hecho que se pierda el miedo y se pueda de alguna manera tratar de combatir lo que los medios hegemónicos de comunicación hacen en estos momentos: mentir, disfrazar la verdad, corregir los hechos históricos para su conveniencia. Hoy hay una juventud que está intentando dar otra visión de las cosas, aunque la gran prensa no la quiera visualizar.

¿En qué momento decidís utilizar el rescate del idioma guaraní en tu obra, por qué lo hacés y cómo se dio el proceso de construcción musical a través del idioma?

Se dio muy naturalmente. Yo creo que el guaraní es el idioma de la resistencia. Nosotros hemos hecho resistencia cultural desde que nacimos. Después de la hecatombe de la “Guerra de la Triple Infamia”, como le llamamos nosotros a la Guerra de la Triple Alianza, la única manera de poder comunicarnos era en ese idioma. En el Paraguay, un alto porcentaje de la población habla y entiende el guaraní. En aquel entonces era la forma más certera de comunicarse y de poder hablar en código cuando las fuerzas invasoras estaban en Paraguay.

Después de esa guerra, las oligarquías que siempre son cómplices de los altos intereses, intentaron prohibir y liquidar el guaraní. Igual, resistió toda esa campaña de desprestigio, decían que el idioma guaraní “entorpecía al español”. Intentaron de todo para anular el idioma.

¿Qué es el proyecto “El canto de los karaí”?

Cuando empiezan todos estos procesos en América Latina nosotros intentamos desde Paraguay comunicarnos con esos procesos. Entonces nació este proyecto que tiene diez años. “El canto de los karaí”, que está basado en una vieja leyenda de los guaraníes. Tenían tres tipos de magos: los que creaban pócimas mágicas para curar, los que enseñaban el arte de la guerra y los karaí, que eran los dueños de la palabra, que no mentían nunca, quienes iban a llevar a toda esa gran masa de nativos a un lugar, que ellos llamaban Yvymarane´y, que es la tierra sin males, un lugar donde ellos iban a convivir con la naturaleza y con otros seres humanos sin necesidad de guerras. La diferencia entre ese lugar y el de los cristianos, que sería el paraíso, era que existía y marchaban hacia donde salía el sol para encontrarse con la tierra sin mal.

Y nosotros quisimos hacer una analogía de ese fantástico lugar con los cantautores de América Latina. Esos chamanes o esos karaí que hablaban de ese lugar de alguna manera se parecían a Zitarrosa, a Luis Mejía Godoy, a Feliú, a Silvio Rodríguez, a muchos de esos cantautores que de alguna manera buscaban un mundo mejor, la construcción de un mundo mejor. Y ese mundo mejor era la Patria Nueva que todos estábamos buscando y soñábamos. Encontramos en esta leyenda de los guaraníes, que tiene miles de años, muchas coincidencias.

Tomamos esa idea e hicimos este proyecto “El canto de los karaí”, que son tres volúmenes defendiendo el idioma guaraní, rasgo cultural muy importante del Paraguay. Hicimos canciones de muchos autores en versión bilingüe. Grabamos “Manuelita la tortuga” de María Elena Walsh, “San Cayetano” de Teresa Parodi, “Pequeña serenata diurna” de Silvio Rodríguez, “Yo soy de un pueblo pequeño” de Luis Enrique Mejía Godoy, “Labanda” de Chico Buarque, “La flor de la canela” con Lucho González, “La belleza” de Luis Eduardo Aute, “Créeme” de Vicente Feliú, “Coraje” de Víctor Heredia y otras, la mayoría cantadas con sus autores.

Fue un gusto y un paseo por toda América Latina cantando con gente muy importante y muy querida. Sirvió para conectarnos con estos procesos en América Latina. Partimos de la base que Paraguay es un país olvidado, no solamente por la derecha sino por la izquierda latinoamericana. Era una forma de decirles a todos, bueno, estamos aquí presentes con este rasgo cultural que nos caracteriza, que es el guaraní, y queremos formar parte de ese concierto de naciones que quieren alcanzar de alguna manera lo que decían los guaraníes que es la “tierra sin mal”.

¿Cómo han sido tus influencias y tu formación musical?

Básicamente, tengo que decir que hay grandes compositores en Paraguay. Hay una santísima trinidad en la música paraguaya: Agustín Barrios, Herminio Giménez y José Asunción Flores. Barrios es el compositor de música erudita. Flores creó un ritmo que es la guarania. Casi todos desarrollaron su camino musical fuera del país, y Argentina fue un lugar importante, de hecho, José Asunción Flores crea este ritmo y se consolida aquí en Argentina en las décadas del 30 y 40. Son los referentes importantes en mi forma de ver la música e interpretarla.

Yo en realidad no soy cantautor, soy más intérprete. Es cierto que tengo algunas canciones, pero me gusta muchísimo más interpretar canciones, darles el toque que yo creo. También pienso que los intérpretes son creadores, como lo era Mercedes Sosa.

Estos próceres de la música paraguaya hacían lo que nosotros seguimos como impronta, ser cronistas de su tiempo, contar las cosas que le pasan a él y a la gente que le rodea. Los trovadores somos así (o los juglares), vamos contando las cosas que pasan. Más que dar respuesta, damos más interrogantes. La música nos ayuda a pensar, a reflexionar lo que está pasando o nos ayuda a pasar los momentos tristes, sobrellevar problemas. Me parece que para eso sirve la música, por lo menos ese es el ideal que tengo del artista. Yo quiero ser un cronista de mi tiempo, quiero cantar las cosas que me oprimen, que me ponen feliz o las cosas que le pasan a otras gentes.

Podés escuchar la entrevista completa. Foto: Sitio “Fogón Latinoamericano”.

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