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“El trabajador es el que construye, sin el trabajador no hay nada”

Ramón Ayala, uno de los poetas y compositores más importantes del folklore argentino, charló con Sebastián Echarry en el programa Rabia al silencio, que se emite los miércoles de 17 a 19 por FM De la Azotea. Fue el 8 de julio pasado. Su obra es una galería de su tiempo y su lugar. Nacido en Garupá, Misiones, dedica su tarea creativa desde hace décadas a la música, la pintura y la literatura.

“El trabajador es el que construye, papá, sin el trabajador no hay nada. Todo lo que ha crecido ha sido hecho por los trabajadores. Los vagos no sirven para nada, solo para ensuciar el paisaje, son vividores nada más. El que trabaja es aquel que piensa y entrega sus días y que tiene un rumor permanente en su corazón que lo lleva al descubrimiento, al hallazgo”, expresó el autor de “El cosechero”.

Sus canciones han sido cantadas y grabadas por Mercedes Sosa, Pedro Aznar, Liliana Herrero, Ana Prada, Juan Quintero-Luna Monti, Tonolec y un sinnúmero de artistas de gran relieve, tanto en Argentina como en el resto del mundo.

En la entrevista realizada por De la Azotea, Ramón Ayala, quien estará en Mar del Plata el 31 de julio en el Teatro Diagonal y el 1 de agosto en el Teatro Colón junto a Leopoldo Juanes y el grupo Creciente, fue contundente al valorizar el tiempo y la vida: “Mirá, yo estoy en la verdad, no tengo tiempo para las tonterías ni las boludeces. Yo tengo tiempo apenas para disfrutar y andar por la vida con el hallazgo, con el asombro en los ojos y en la sangre. Y esa es una manera de vivir hermano, este es un acontecimiento único. Fijáte que este momento que estamos viviendo no se repetirá jamás por los siglos de los siglos. Nunca habrá un instante como ahora, como el de hoy. Entonces, tenemos que tener una suficiente lucidez mental, la capacidad para vivirlo intensamente antes de que te lleve la muerte”.

¿Cómo fue que decidió abocar su trabajo creativo en el arte?

Cuando uno se siente parido por una región determinada y ves que esa región adolece de voces, de rostros para su propia identidad, entonces considerás que sos una especie de salvador sin creerte un Dios ni un ser excepcional. El hecho de darse cuenta es haber alcanzado un estado de la luz, para ponerte a disposición del tiempo y del destino. Y en eso estamos, por esto soy Ramón Ayala. Me parece que hay un tiempo señalado en la vida que llega. Muchas veces he pasado frente a un tipo o acontecimientos naturales con una mirada corta.

El hombre es el acontecimiento más misterioso del planeta Tierra. Se han encontrado huesos de dinosaurios, de gigantosaurios, pero la uña, el dedo del primer hombre no aparece jamás. Lo que queda siempre de un ser vivo en general es la parte calcárea que se petrifica incluso. Entonces, los seres humanos tal vez no seamos de este planeta, porque no se sabe de dónde vino el hombre ni a dónde va.

¿Y la música de dónde vendrá?

La música no sé de donde viene, me parece increíble que alguien de pronto se levante con una melodía que alguien le ha soplado en el oído en la noche, lo escribe y es una melodía mágica y maravillosa. Hay cosas que únicamente las ciencias podrán definir en el futuro, no los ensayistas, no los tipos que andan pregonando y prediciendo, pero no sabiendo y engañando a la gente que anda con esperanzas increíbles que no se le concretarán jamás. Yo creo que es importante -si a uno le hace bien- ser un religioso, pero a mí me parece bien la naturaleza y la magia de la vida.

¿Cuándo y por qué decidió basar su obra en las personas comunes y los trabajadores de a pie?

El trabajador es el que construye, papá, sin el trabajador no hay nada. Hemos estado siempre en la trinchera del arte, obedeciendo a voces interiores y respondiendo a ellas con el cuerpo, con el alma, con la sangre, con la vida permanentemente. Porque así debe ser el ser humano, no debe ser un juguete del espacio ni de nadie, ni prisionero o esclavo de nadie. El ser humano debe ser la libertad para vivir, para amar y para encontrar su propio camino.

En sus inicios artísticos… ¿Pensaba a dónde iban a llegar sus canciones?

El hijo del alma es como el hijo de carne y hueso ¿Quién le iba a contar a un negrito de Estados Unidos que ese hijo iba a ser presidente de la nación más poderosa del mundo? Ese era Barack Obama. Ni te digo de los grandes creadores, los grandes pensadores.

¿Qué vas a pensar de un hijo espiritual? Nunca pensé que una canción hecha a orillas del río Paraná, como El Cosechero iba a recorrer el mundo. Que iba a ser traducida en las tierras de Holanda o de Finlandia, en japonés, en irish. Uno nunca sabe, es increíble. Me acaba de decir esta hermosa pianista que se llama Hilda Herrera que en Turquía se había traducido al turco El Cosechero.

¿Cómo compuso la canción dedicada a los peones de los yerbatales llamada El Mensú?

Al mensú nosotros lo vimos pasar con mi hermano Vicente, con una enorme bolsa de cuatro puntas grandes y ahí en el medio iba la yerba mate. Ellos juntan punta con punta, arman un bulto y se lo ponen en la espalda. Parecen hormigas gigantes avanzando con semejante raído por las calles. Uno ve pasar a un extraño trabajador, tan extraño que parece un monstruo con 60 o 70 kilos de yerba mate en su espalda. Pero nadie vio en ese hombre una historia, un atrevimiento, un sacrificio, un esclavo. Y nadie tuvo la piedad de hacer una canción para ese hombre, para revelarlo. Estaba con mi hermano y le dije… “ahí tenemos una obra maravilloso, hay que hacerla”.

El Che Guevara me comentó a mí en Cuba que él cantaba en la Sierra Maestra “El Mensú”, porque el padre tenía un obraje en Misiones, en Caraguatay. Es una canción de señalización de las barbaridades que cometen los seres humanos contra otros, por imperio de los negocios, de los mercaderes, de los tipos desalmados que piensan únicamente en sus bolsillos. No se dan cuentan de la magia que es el ser humano. Son pobres infelices que pasan por la Tierra pensando solamente en el metal.

Entrevista completa. Foto: Sitio “Punto Cine”.

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