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No se la hagamos tan fácil

En Mar del Plata, por empezar por algún lado, hay más de cincuenta postulantes para cada cargo que se somete a la elección. No parece tanto. Son algo más de seiscientos personas. El uno por mil del último censo o el 0.6 por mil de la posible población real. Son de aquí mismo buena parte de los candidatos a diputados postulados en la quinta sección. Una porción de los senadores que en este turno electoral toca votar, y una muy ínfima de los aspirantes a las diputaciones nacionales y senadurías por la provincia. ¿Mil personas en total? Igua esta reflexión no tiene pretensiones de exactitud cuantitativa ni de certeza demográfica.

Intento posar la mirada sobre alguna forma de respuesta al ¿quiénes son? ¿De dónde salen? ¿Por qué ocupan esos lugares en las listas, para qué quieren llegar a esos cargos a los que se postulan? ¿Quiénes pueden ser políticos? Y a caso, ¿alguien puede no serlo?

Esta última pregunta-provocación, parece ser la de más simple salida: más vale. Estás preguntando una obviedad, una tontera. ¿Cómo que ‘quién puede no ser candidato?… Sí, la lo dije. A lo sumo serán mil. El 99.5% no accederá a ningún cargo. Y acá estamos el resto, casi una decena de centos de miles de ciudadanos de a pie; que nada, que apenas tenemos el rol el domingo de ir a tratar de tardar lo menos posible, no mojarnos, no embarrarnos y volver a nuestras vidas cotidianas aunque sea a dormir la siesta. Y a esperar que la radio, el diario, la tele o internet nos diga lo cerca o lejos que estuvimos con lo que pusimos en el sobre. De lo que salió…

Pero yo me quiero enroscar un poco más y los invito. Porque no deberíamos conformarnos con el honor de ejercer la democracia yendo a votar mañana. Porque la idea de que cada decisión que tomamos, cada rol, cada acción, contiene una dimesión que es política, es correcta pero se me hace incompleta. ¿Se fijaron bien quiénes son esos que sí se presentan? ¿En qué se parecen y qué se diferencian de nosotros? ¿Reflexionamos sobre la constante necesidad de diferenciarnos, de alejarnos de ellos, de ponernos en lugares distintos y distantes…?

Es que ellos son los que se formaron para conducir el país…Es que para formar parte de la clase dirigente hay que estar tocado por alguna varita, es que dedican su vida a la política. Y no tienen noches, ni domingos, ni familia, ni intereses personales porque la política lo es todo para ellos.

O no. O tal vez es porque ellos ven en la política como un negocio, como un oficio, una carrera, una vía para enriquecerse, o para pisar al otro.

Lo que sea que nos lleva a esas conclusiones siempre estará bien fundamentado. Porque acumulamos siglos de trayectos de política que nos facilitan que acuñemos estas tesis, y cada vez más… Pero pienso ¿A quién le conviene esta distancia. Esta diferenciación de roles entre el ser para ser elegido y el elegido solo para ser elector?

Tantas preguntas parece que no nos van a dejar llegar a ningún lado. Pero cada vez falta menos para mañana. Y mañana hay que ir. Y optar y eso significa que aunque haya cincuenta para cada cargo, el menú es ese y ningún otro. Hasta las opciones te ponen ellos. Y yo quiero hablar un poquito más de ellos todavía.

Porque para que se ganen mi voyo no debería alcanzarles con haber llegado a poner su nombre y su cara en alguna de las listas. Pero cada vez más parece que el perfil del candidato fuera una fórmula. Una ecuación compuesta. Que no cueste mucho hacerlo conocer, que hable lindo. Y dentro de los parámetros que nos diseñaron para captar a quienes queremos convencer, que si es muy impresentable… No, no es que no lo presentamosm el impresentable se presenta como sea, aunque sea escondido.

Es una combinación de elementos que aceleran en nosotros la elección por imantación. O sea, entro al cuarto oscuro, vuelvo a ver el nombre o la cara que más presente tengo, que me atrae, que me cierra por la equis cuestión que sea y listo. Por reflejo va al sobre, del sobre a la urna y yo a mi casa que no quiero regalarle el domingo a…. a… la Estado? Al gobierno, a las oposiciones? A ese candidato? Al otro? A la democracia? Al resto del pueblo?

Qué pasaría si cada uno de nosotros entendiéramos que ese momento de llenar el sobre, es el paso final y concluyente al que deberíamos haber llegado después de evaluar postulantes hasta ver, por ejemplo para el caso de mañana, quienes realemente están en condiciones, tienen aptitudes e intenciones irrenunciables de laburar acorde a las dietas de riqueza que reciben (sobre todo comparadas con el ingreso de las mayorías) a favor de esas mayorías que, habiéndolos votado o no, requieren de mayores políticas públicas sencillamemente por tratarse de los actores más desprotegidos de esta desigual sociedad.

El remate viene de nuevo sin pretensiones de tesis de maestría: No se la hagamos tan fácil

Editorial del programa El Brote

Radio de La Azotea