¿Como se construyó la Scaloneta?

El ciclo del seleccionado conducido por Lionel Scaloni llevaba mas de cuatro años cuando comenzó el mundial. Se inició en un contexto de crisis tras el fracaso del mundial de Rusia en 2018. Una selección que fue “de menos a más”, no solo en esta copa sino en todo el ciclo. La historia de un proceso de construcción a perfil bajo que duró años. El trabajo, la paciencia y la humildad fueron algunas de las características del este ciclo que acaba de alcanzar la máxima coronación. Un encuentro entre la estrategia, el esfuerzo, el amor a la pelota y la alegría de jugar, porque como afirmó en mas de una ocasión: «esto es un juego», pero siempre encarado desde el trabajo y el respeto. No obstante, y pese a las señales de lo que sucedía, el cuerpo técnico fue duramente criticado en los medios hegemónicos. Una coronación como golpe a la inefable cultura de la inmediatez. Un verdadero golazo contra la opinología y el “periodismo juez”. Así como lo hicieron Lionel Messi y sus compañeros, también el cuerpo técnico respondió en la cancha. Una historia, que además de darnos alegría, puede servirnos de inspiración. Así, en parte, se construyó la Scaloneta: el vehículo que nos llevó a la alegría. Por Ramiro Giganti (ANRed).

“ El sueño como un tesoro enterrado, el dadivoso azar  

Y la memoria, que el hombre no mira sin vértigo, 

 Todo esto te fue dado, y también  

El antiguo alimento de los héroes:  

La falsía, la derrota, la humillación.”  Jorge Luis Borges, Mateo, XXV, 30

Para hablar del “Ciclo Scaloni” hay que remontarse al año 2018, o incluso antes, cuando la selección mayor estaba a punto de perderse el mundial de Rusia por un mal desempeño en eliminatorias. Allí, en el año 2017, una de las tantas acciones heroicas de Messi, metiendo 3 goles en Ecuador (donde “la pelota no doblaba”) salvó a todo un país de un tristísimo papelón: ver un mundial sin Argentina. Messi, el que “se borraba en las jodidas” según mas de un opinólogo, puso la cara, y sobre todo el fútbol, para que Argentina de vuelta un partido que tenía que “ganar o ganar”. Aquella vergonzosa eliminatoria era fruto un proceso igual de caótico: dos cambios de director técnico en dos años, la AFA en crisis tras la muerte de Grondona, el recordado “38 a 38” de la elección del 2015, como una muestra del desastre que acompañaba la frustración tras las tres finales perdidas entre 2014 y 2016.

En ese contexto institucionalmente desastroso, sectores del periodismo deportivo como gran parte de la población le caían a Messi. Fuimos testigos de tremendas injusticias, de la impunidad de panelistas iletrados atacando al mejor jugador de esta era y, de esa manera, encubriendo el desastre institucional del que muchos fueron parte. Mientras tanto, cambiaban los entrenadores sin permitir ningún tipo de construcción sólida: entre 2016 y 2018 hubo 3 entrenadores distintos: el Tata Martino, que renunció tras la segunda final de Copa América perdida, Edgardo Bauza, con un estilo de juego totalmente distinto, que solo duró algunos partidos de eliminatoria siendo despedido, y finalmente el exuberante Sanpaoli, que si bien venía de un ciclo exitoso en la selección de Chile, quedó claro que no era el indicado para llevar calma al plantel y desarrollar una idea de juego: al menos en aquel contexto con un mundial encima, que no daba margen a experimentos o bravuconadas.

Scaloni se había sumado al cuerpo técnico como asistente para analizar rivales. Con su incorporación se fueron sumando nombres, que desde lo que fueron como jugadores, le daban un renombre y algo de sensatez a un proceso desastroso: Pablo Aimar, Walter Samuel, Diego Placente… son recordados como “los pibes de Pekerman”, por aquel mundial sub 20 ganado en Malasia en 1997. En aquel seleccionado también estuvo presente Lionel Scaloni, quien tuvo una notable actuación, coronada con un gol a Brasil en la semifinal. “La gente, que se duerme al ver a la selección mayor, pone el despertador a las 4 de la mañana para ver a estos pibes”, era la descripción de aquel entonces, hace 25 años. Y era cierto. También había algo que caracterizaba a esas selecciones: la calma, el perfil bajo y la humildad, que también se veía en el comportamiento de los jugadores, entre quienes estaban Walter Samuel, Pablo Aimar y Lionel Scaloni. No solo ganaron el mundial juvenil en 1997 sino que también recibieron el premio Fair Play.


Pero lejos de aquellas gestas juveniles estaba el fútbol argentino 20 años después, con las estructuras diezmadas y una burocracia que arruinaba todo. La “grondoneta”, un seleccionado juvenil dirigido por Humberto Grondona, pasó vergüenza quedando eliminado en la primera ronda, tras empatar con Panamá, y Austria y caer ante Ghana, en 2015. Igual resultado tuvo el año siguiente un diezmado equipo olímpico que se volvió en primera ronda en los juegos olímpicos en Río. La sucesión de improvisaciones y fracasos siguió el año siguiente cuando el seleccionado sub 20 dirigido por Claudio Úbeda también fue eliminado en primera ronda, tras caer 3 a 0 contra Inglaterra y 2 a 1 contra Corea del Sur. Esto sucedió mientras la selección mayor trastabillaba tras despedir a Claudio Martino luego de las derrotas en las finales de Copa América en 2015 y 2016, con una renuncia de Messi al seleccionado, incluida. A dos años de jugarse el mundial la improvisación siguió: contrataron a Edgardo Bauza, quien fue despedido al poco tiempo para volver a empezar de 0 con Sanpaoli.

¿Golpe de estado o revolución?

Fueron muchos los rumores de una interna caliente en relación a la intimidad del platel, cuerpo técnico y dirigentes en relación al mundial de 2018. De lo que no hay dudas es que no era el mejor de los ambientes para ir a competir con aspiraciones a la máxima cita del deporte mundial. La incorporación de Pablo Aimar, que había hecho un buen trabajo en la selección Sub 17, fue calificado como un “paliativo” para “tener contento a Messi”, ya que es sabido que Aimar había sido ídolo de Messi en el pasado. Tras el fracaso, ante la situación de acefalía, los jóvenes se hicieron cargo. Tal vez “coparon la parada”. Scaloni, junto a Aimar y Samuel, que habían tomado las inferiores empezando a dar inicio a la reconstrucción desde el semillero, dirigieron primero  al seleccionado juvenil que tenía que jugar el torneo de Alcudia: lo ganaron.

Nadie quería agarrar el fierro caliente. Antes y después del mundial. Marcelo Gallardo había disparado contra la AFA mostrando que, con esa gestión, no quería dirigir la selección, mientras se lo veía a gusto en River donde estaba haciendo historia. El cholo Simeone había recurrido una y otra vez a que no quería ser seleccionador, como “excusa elegante” mientras sumaba éxitos en el fútbol europeo. Se llegó a mencionar a Guardiola, impagable para la castigada economía argentina. Con perfil bajo y honorarios modestos (al menos en comparación a sus colegas) Scaloni se hizo cargo del interinato, junto a sus compañeros. Luego se sumaría el ratón Ayala de destacada trayectoria como futbolista y algunos primeros pasos en la gestión. Por esta decisión, por no haber renunciado junto a Sanpaolí, los medios y cierto entorno futbolístico de ética muy cuestionable catalogaron a Scaloni de “traidor”.


Hoy, con resultados puesto tal vez sea más pertinente el refrán “el que le roba a un ladrón tienen 100 años de perdón”, para describir ese proceso (si es que hubo algún tipo de «robo»). Se llegó a calificar de “golpe de estado” lo hecho por Scaloni, en un excesos de moralismo comparable a quienes descalifican a Maradona por “haber hecho un gol con la mano” ignorando el contexto del mismo. Con el resultado puesto es mas fácil decirlo pero en aquel entonces también resultaba pertinente: los «pibes de Pekerman», coparon un entorno podrido y lo sacaron a flote. Los jóvenes audaces hicieron frente a la prepotencia de los «históricos».

¿Alguien analizaba el trabajo de Scaloni en sus primeros paso? Pocos. Es más fácil el prejuicio, la opinión (o descalificación) desde el desconocimiento. Llegaron a calificar de “vergüenza” a un cuerpo técnico integrado por 3 ex futbolistas notables que incluso tenían experiencia mundialista en la selección mayor, que juntos ganaron un mundial juvenil y que, tras culminar sus carreras en la elite del fútbol europeo se habían capacitado como entrenadores. Solo les faltaba un antecedente más visible: les faltaba “ser viejos”.

Walter Samuel se había retirado en 2016, tras una notable carrera plagada de títulos que lo llevo a jugar dos mundiales con la selección mayor, fue ayudante del entrenador Stefano Vecchi en el Inter de Milán, a finales de la temporada 2016/17, luego fue ayudante en el Lugano de Suiza, hasta que Scaloni lo convocó para sumarse en 2018. Tiene licencia UEFA A, por la capacitación que hizo, lo que lo habilita para ser entrenador en el máximo nivel profesional europeo. Por su Parte, Pablo Aimar es desde que se retiró, el primer nombre que sonaba en River para sucesor de Marcelo Gallardo, cargo que rechazó hace poco tiempo por obvias razones. Con una carrera notable como el futbolista extraordinario que fue, también se fue convirtiendo en una personalidad noble fuera del campo: da gusto escucharlo hablar de fútbol, sus concepciones estratégicas y didácticas sobre el juego y la conformación de equipos. Es la mano derecha de Scaloni: su permanente fuente de consulta. Lionel Scaloni tampoco surgió de un repollo: tiene la licencia UEFA PRO, la más alta del fútbol profesional. En una conferencia de prensa recordaba que fue compañero de curso con ex futbolistas como Fernando Redondo, Leo Franco y Javier Saviola (actual entrenador de las inferiores de Barcelona, “la Masía” que hace no mucho formó a Messi, Xavi, Iniesta, Pique, Fábregas y muchos otros). Tras retirarse como futbolista su primera experiencia como entrenador fue en las inferiores del Mallorca, donde había jugado en los años 2008 y 2009 y donde actualmente tiene residencia y familia establecida (sin dejar de visitar a su Pujato natal). Luego, Sanpaoli lo había incorporado al cuerpo técnico del Sevilla, paso previo a sumarse a la selección.

Pero más allá de los pasos previos, lo más importante era tener un proyecto. Son infinitas las anécdotas de entrenadores consagrados que hicieron desastres en distintos clubes y seleccionados, por cumplir la función de manera displicente. Hoy no hay dudas que Scaloni, Aimar y Samuel tenían un proyecto, pero para darse cuenta durante el interinato es importante un análisis de sus primeros momentos de gestión y de algunas características que hoy se ven en el mundial pero que ya asomaban en sus inicios… allá vamos.

Los primeros pasos de Scaloni

Tras el logro con juveniles se hizo cargo del primer equipo para afrontar compromisos acordados previamente. El primero de ellos fue un partido amistoso frente a Guatemala que se disputó en Estados Unidos. Prescindiendo de los “históricos” Scaloni empezó a armar una base con jugadores jóvenes. El resultado (3 a 0 para Argentina) es un detalle, también teniendo en cuenta la diferencia de jerarquías, pero en el desarrollo se veía una intención de jugar de una manera: presión alta en conjunto para recuperar rápido la pelota, dinámica y velocidad en las triangulaciones de juego. Los goles habían sido convertidos por Giovani Lo Celso (quien luego sería un referente de la selección, ausente del mundial por lesión), Pity Martinez y Gio Simeone. Luego hubo amistosos con rivales de exigencias dispares (Desde Iraq o Arabia, hasta Brasil) donde Scaloni probó a muchos jugadores incluidos algunos de los “pedidos”, y fue sacando conclusiones.

En 2019 empezaron las señales concretas de cómo podría ser el equipo. Señales que incluso podían detectarse en algún que otro resultado adverso. Un amisto con Venezuela en marzo de 2019 terminó en derrota dando pie a que muchos “opinadores” disparen toda su artillería contra el joven cuerpo técnico, operando para destituirlo. Argentina había formado con Franco Armani en el arco: Montiel, Foyt, Mercado, Lisandro Martínez y Tagliafico; Lo Celso y Paredes; Messi, Pity Martínez y Lautaro Martínez. La “línea de 3/5” fracasó ese día, pero ese partido jugador como Montiel o Lisandro Martínez empezaban a sumar experiencia con la selección mayor, Paredes “de 5” fue una de las críticas, con el tiempo desechadas, y ese partido dio una señal interesante sobre la conexión de Lautaro Martínez, quien hizo el único gol de la selección, con Messi. Cosas que se veían en medio de una derrota: la scaloneta todavía no estaba armada, pero estaba en ese proceso. Así se fue armando: juntando bloques que se iban conectando en distintos sectores de la cancha: sobretodo como un Lautaro Martínez que ya tenía continuidad en el fútbol europeo se conectaba con Messi entendiendo jugadas en el rigor de la velocidad (así fue el gol). “No puede ser ¿Cómo vas a perder con Venezuela?” era la frase repetida. Venezuela, que había empatada con argentina en eliminatorias probando a muchos jóvenes que venían de hacer un excelente mundial sub 20, tenía un equipo más armado, mientras Argentina estaba recién empezando a construir lo que luego sería “La Scaloneta”.  Pocos días después un triunfo contra Marruecos, si bien calmaba un poco, era insuficiente para conformar a la turba iracunda de panelistas. En ese partido jugó De Paul junto a Paredes y Guido Rodríguez, tres mediocampistas que hoy son parte de los 26 héroes mundialistas. También tuvieron continuidad jugadores como Montiel y Lautaro Martínez.


Luego vendría el primer “momento bisagra”: la primera prueba importante: la Copa América 2019. Antes vale mencionar que en paralelo el trabajo en inferiores también empezaba a dar señales claras de reconstrucción: el sub 20 y luego el sub 23 dirigidos por el bocha Batista a tener un buen desempeño con jugadores como Juan Foyt, Lisandro Martínez, Alexis Mac Allister, entre otros que hoy en día continúan evolucionando con grandes chances de sumarse a la selección mayor en breve. Pero la Copa América suponía la primera competencia importante y la posibilidad de contar con una lista de jugadores durante semanas, para poder trabajar más en el armado de un grupo.

La Copa América 2019 fue un primer ejemplo concreto de como la selección de Scaloni se fue haciendo “de menos a más”, algo que también había pasado en las selecciones juveniles dirigidas por José Néstor Pékerman, donde jugaron quienes hoy están a cargo del cuerpo técnico. Empezó perdiendo 2 a 0 con Colombia en una actuación floja que fue duramente criticada. El segundo partido fue un empata 1 a 1 con Paraguay, que mostró alguna mejoría, peor que seguía sin ser suficiente. El tercer partido contra Qatar fue una de las bisagras: si Argentina no ganaba quedaba eliminado en primera ronda en lo que, sin dudas, hubiese sido el fin del ciclo. Argentina ganó 2 a 0, y sin tener una actuación brillante siguió mostrando mejorías. El partido siguiente fue contra Venezuela, un rival de mayor exigencia que Qatar y fue también 2 a 0, mostrando momentos de buen juego que empezaba a dar señales de una selección convincente. Había un objetivo clave cumplido: jugar todos los partidos. Fundamental para seguir formando el grupo, más allá del resultado inmediato. La derrota con Brasil tras fallos arbitrales polémicos dejó la sensación de que se podía, igual que el triunfo ante Chile por el tercer puesto. Luego de ese torneo vendría la gran gesta: más de 30 partidos sin derrotas.

Tras un par de amistosos y el parate por la pandemia, vendrían las primeras fechas de eliminatoria y la Copa América 2021. Un correcto 1 a 0 contra Ecuador empezó a dar un indicio de tranquilidad en relación a las eliminatorias que muchas veces muestran fuertes turbulencias ante la posibilidad de “no clasificar”, algo que no sucedería durante todo el largo camino. Un triunfo contra Bolivia en la Altura de La Paz, más allá del juego dio una muestra importante de carácter. Ya con el mediocampo afirmado (De Paul, Paredes y Lo Celso), dos jugadores afirmados en la franja izquierda (Acuña y Tagliafico) Otamendi como un sobreviviente en la defensa sumado a Gonzalo Montiel, luego sorprendieron apariciones impensadas como la de Nico González, Cuti Romero, Nahuel Molina y en el arco “Dibu” Martínez. Al equipo se sumaría, en la copa América, un “as de basto” que Scaloni tenía escondido en la manga: la vuelta de Ángel Di María. Hubo oras actuaciones importantes, muchas veces desde el banco: Joaquín Correa, German Pezzella, Guido Rodríguez, un emergente Julián Álvarez y algunos “personajes” que fueron claves en el grupo pero de notable trayectoria como el “Kun” Agüero y el “Papu” Gómez.

El camino a la gloria

Hay un hecho que parte de una desgracia pero que la selección canalizó en trabajo y desafíos: la pandemia generó contratiempos pero también oportunidades. Las “burbujas” forzaban concentraciones muy íntimas que fueron forjando el carácter de grupo. Pero más allá de las convocatorias para eliminatorias, el gran paso se dio a mediados de 2021, donde la doble fecha se juntó con la Copa América: allí la selección hizo una burbuja de más 40 días donde el cuerpo técnico puedo terminar de dar forma a la Scaloneta.

Como en la Copa América anterior, la selección también fue de menos a más, pero empezó desde un piso más alto, llegando más arriba. Tras dos empates pro eliminatorias y un primer empate, la selección dejaba algunas dudas en cuanto a la posibilidad de quedarse con la copa. Mientras a Argentina le costaba sostener un resultado, en el otro grupo Brasil goleaba y era el gran candidato. Pero con los partidos la selección fue mejorando, llegando a la final en igualdad de condiciones frente a Brasil, ganando el partido final. Después todo fue alegría. Scaloni ya había encontrado el equipo, que no se reducía a un 11 inicial sino a 14 o1 5 jugadores afirmados, o quizás más. Y mientras había jugadores afirmados en ese funcionamiento otros se iban integrando: jóvenes como Julián Álvarez y Lisandro Martínez sumaron minutos, fueron parte de ese grupo que convivió más de 40 días, para luego seguir evolucionando en sus equipos: uno fue campeón y figura en River, para luego hacer sus primeros meses de experiencia en el fútbol europeo, el otro se afirmó como titular en Ajax para luego dar un paso teniendo grandes actuaciones en el Manchester United.

Con el equipo “armado”, y los panelistas  llamados a silencio (o pegando el volantazo) era mucho más fácil y probando pequeñas variantes. Una de ellas fue la “línea de 3/5”, que Scaloni fue probando. Tras un partido con Uruguay que finalizó 1 a 0, Scaloni había declarado en la conferencia de prensa que se lamentaba haber agotado los cambios porque quería poner a Lisandro Martínez para “probar la línea de 5”. Lo hizo en el partido siguiente contra Brasil que terminó 0 a 0, allí también volvió a sumar minutos Julián. Al año siguiente, con la selección ya clasificada pero con partidos de eliminatoria pendientes, se siguieron sumando detalles a la ya conformada “Scaloneta”. Mac Allister tuvo que reemplazar a Lo Celso por una lesión en una doble fecha contra Venezuela y Ecuador. Argentina ganó ambos partidos y su actuación fue un buen precedente para lo que luego sucedió. También Julián Álvarez jugó si primer partido desde el inicio contra Ecuador y marcó su primer gol.

La “finalísima” contra Italia sumó confianza y le dio la posibilidad al seleccionado de medirse ante una potencia europea.  Los partidos contra Jamaica y Honduras, además de volver a juntar a jugadores y afirmar el funcionamiento sirvieron para que se meta en el equipo Enzo Fernández, que sumó sus primeros minutos mostrando que la camiseta no le pesaba e integrándose rápidamente al funcionamiento colectivo.

El mundial inolvidable

Como una síntesis de lo vivido previamente el mundial tuvo los mismos contrastes. Con un ambiente exitista, basado en los argumentos y sucesos antes mencionados  el seleccionado argentino se enfrentó en su primer partido contra Arabia Saudí, que en los papeles se presentaba como el rival más accesible. Un primer tiempo que pudo terminar en goleada tras el temprano penal convertido por Messi, se encontró con situaciones inesperadas, primero por la sucesión de goles anulados por milimétricas posiciones adelantadas. Luego, en el segundo tiempo, el equipo saudí tuvo su momento y con dos goles dio vuelta el partido. “¿Dónde está Messi?” se preguntaban algunos. “Se terminó la mentira de la Scaloneta”, sentenciaron otros.

A Scaloni no le tembló el pulso: siguió trabajando variantes. Salió a jugar el partido siguiente con 5 cambios, pero manteniendo a los nombres más trascendentes. En el entretiempo siguió buscando: metió dos cambios que serían fundamentales: los jóvenes Enzo Fernández y Julián Alvares en reemplazo de dos referentes de la columna vertebral de este ciclo: Leandro Paredes y Lautaro Martínez. El equipo de entrada mostró mejorías, que se afirmaron con el gol de Messi que “apagó el incendio”. Con un golazo, Enzo Fernández selló el partido y se mostró ante el mundo.

El partido con Polonia fue una fiesta. No solo por el juego mostrado en los 90 minutos, sino por la relación con el público que alentó y dio una señal muy distinta a situaciones previas: levanto la intensidad del aliento hacia el equipo y sobre todo a Messi después del penal errado. La respuesta llegó desde la cancha con un contundente 2 a 0.  Con tres jugadores jóvenes que eran impensados para el primer equipo semanas atrás: Enzo Fernández, Julián Álvarez y Alexis Mac Allister, como figuras, la Scaloneta ganó el grupo y ya se sentía que este iba a ser un uy buen mundial, como se presumía en la previa.

Contra Australia, pese al sufrimiento del final, se ganó con claridad de la mano de un Messi consagratorio. A su gol se sumó otro de Julián Álvarez que tras presionar la salida del arquero junto a Rodrigo De Paul, robó la pelota empujándola en la red y dando otra muestra del carácter de esta selección: la entrega.

“Es Australia”, dijeron muchos bajándole el precio. Países Bajos era una parada que, tanto por historia como por presente, se presentaba como brava. Ahí ya no debería valer esa excusa.

La selección jugó un primer tiempo notable: una genialidad de Messi dejó a Molina frente al arco para abrir el marcador. Ahí hay también un mérito del cuerpo técnico que, por primera vez en el mundial, puso a la línea de 5, dándo mas posibilidad a los laterales de proyectase. El gol vino por esa vía pero también del otro costado Marcos Acuña fue peligroso.  En el segundo tiempo el equipo siguió atacando y, con una jugada por izquierda Acuña fue derribado en el área: penal que Messi convirtió en gol. En los diez minutos finales el equipo neerlandés descontó, y tras una polémica adición de 10 minutos lo empató en el último minuto. En el alargue, sobre todo en el segundo tiempo con Di María en cancha, la selección se llevó puesto a su rival generando 10 situaciones de gol, incluido un tiro en el palo de Enzo Fernández. Pero llegaron los penales, “Dibu” volvió a ser protagonista como en la Copa América y la selección volvió a meterse entre los 4 mejor por sexta vez en su historia. Un objetivo principal ya estaba cumplido pero había que ir por más.

Ahí llegó la mística. El “que mirás bobo” y las notas vergonzosas publicadas en medios como Clarín y La Nación. Se calificó a Messi de “hombre vulgar”. A Un jugador que, a pesar de ser el mejor del planeta durante más de una década, siempre mantuvo la humildad y el perfil bajo. Al mismo jugador que se lo maltrató sistemáticamente desde muchos medios de comunicación. Al mismo que soportaba las patadas y seguía con la pelota. Al mismo que nos dio las alegrías que otros nos quitan.

El siguiente partido fue otra fiesta y, por si hacía falta, siguió silenciando a opinadores infundados. Ganó 3 a 0 a un duro rival: Croacia, en ese entonces  subcampeón  y que venía de eliminar a Brasil. Al finalizar el partido: lejos de las burlas e incidentes, tanto jugadores como cuerpo técnico saludaron y felicitaron al equipo derrotado, que finalmente hizo un buen mundial logrando el tercer puesto.

La final fue de película. Enfrente estaba el último campeón mundial que llegaba tras derrotar con contundencia a sus rivales sin necesidad de alargue ni de penales. Argentina lo avasalló en el primer tiempo. Fue tan notable la exhibición de futbol que a los 40 minutos Didier Deschamps hizo dos cambios. Se fueron al vestuario con un contundente 2 a 0. En los primeros minutos del segundo tiempo la selección siguió atacando estando cerca de convertir un tercer gol que hubiera liquidado el pleito. Luego el partido entró en una meseta, y tras una jugada accidentada que terminó en penal convertido pro Mbapé, luego llegó el empate que extendió el partido, y la agonía. Cuando el gol de Messi parecía sentenciar el 3 a 2 (con notables similitudes a la final del 86, para alimentar la mística) llegó otro penal para Francia convertido por Mbapé y el susto del final: un mano a mano tapado por Dibu. Llegaron los penales: Messi y Mbapé convirtieron, mostrando también un notable duelo individual entre ambos. Dabu atajó el segundo, Francia erró el tercero y Gonzalo Montiel, que había sido responsable del último penal y empate final en el partido, tuvo su revancha sellando el triunfo… y la copa.

Scaloni, que ni siquiera gritaba los goles se sentó tras finalizar, como terminando de asimilar lo que había sucedido: que era campeón del mundo. Pocos segundos después se paró y rompió en llanto mientras recibía el abrazo de Paredes. Luego llegó el momento que todas, todos y todes esperábamos: Messi con la copa. Y todo el plantel, que la compartió como compartieron los esfuerzos. Antes de la final todos los jugadores de campo habían tenido minutos en cancha. Lautaro Martínez se había podido “sacar la mufa” convirtiendo el último penal contra Países Bajos. Paulo Dybala, que casi no había jugado, entró faltando dos minutos para sumarse a los penales: pateó y convirtió. Emiliano «Dibu» Martínez recibió el premio al mejor arquero, Enzo Fernández al mejor juvenil. Demás está decir que Lionel Messi fue premiado como el mejor jugador del mundial.

Lionel Scaloni, el DT más joven del torneo, fue elegido como el mejor del mundial. Aquel criticado Lionel Scaloni, superó a experimentados competidores desde sus planteos tácticos. Argentina campeón del mundo, una vez más. Por primera vez fuera del continente americano. Y lo festejó el mundo: de Uruguay a Bangladesh, de Cuba a Palestina, De Nápoles a Barcelona, del Líbano hasta Haití, llegan imágenes de festejos por la Sacloneta.. y por Messi… el que acá tildaron como “pecho frío”. El que se tenía que ir…. y por suerte no se fue. Que se vayan todos… menos la Scaloneta, puede ser el grito de cada diciembre de ahora en mas.

Ahora nos toca inspirarnos

Un país golpeado, una población castigada. Salarios bajos, malestar, pobreza en aumento. Esta en nuestras manos intentar cambiar algo, con la motivación de esta alegría. Está, además de la sonrisa generada por este equipo, el ejemplo de un grupo unido, de un genio terrenal. Está la humildad y el perfil bajo tanto del cuerpo técnico como de sus jugadores. Da un Messi que soportó las patadas, las derrotas, las críticas injustas y siguió luchando. De Scaloni y su grupo, que supo florecer en un entorno podrido.

Está, también, la imperiosa necesidad de seguir teniendo memoria. De no olvidar, para no admitir que impunemente nos sigan engañando como sociedad. Está en nuestras manos tomar el ejemplo de trabajo colectivo para ser personas mas solidarias con quienes tenemos a nuestro lado. Este equipo lo hizo, nos hizo felices y quizás, el tiempo dirá, un poco mejores.

Cobertura Agencia de Noticias RedAcción (AnRed)

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